Sola
Vagaba entre caras, entre rostros que no reconocía, oía risas desconocidas, sentía clavarse en ella ojos que nunca había visto... ¿Cómo era posible estar tan rodeada de gente y sentirse tan sola? Ya sabía que en aquella ciudad las cosas eran así, que se sentiría observada por miradas que nada esperaban de ella, miradas que pasaban por su lado dejando de lado todo, miradas que la miraban y no la veían. Ella lo decidió así, decidió salir de aquel mundo dónde todos la conocían y dónde todos la miraban esperando desnudar su alma a cada instante. Decidió cambiarlo por el anonimato, por pasear entre caras sin rostro y voces sin sonido. Pero ahora se sentía sola, increíblemente sola, aún estando entre millones de personas.
Decidió volver a casa, a esos apenas cincuenta metros cuadrados que eran su universo. Allí también estaba sola, pero era una soledad distinta. Allí nadie la ignoraba, nadie la eludía, nadie le retiraba la mirada, porque allí no había nadie que pudiera hacerlo. Encendió la radio y sintonizó la emisora de música clásica que tanto la relajaba en esos momentos. Se sirvió un vaso de aquel vino tan caro que había comprado el día anterior en la tienda de la calle de enfrente y cogió su bloc de notas para ocasiones especiales, ese cuaderno que él le regaló un día diciéndola mientras la abrazaba "Esto te dará suerte, sé que algún día conseguirás lo que llevas luchando y deseando media vida. Yo siempre estaré aquí para leer cada línea que escribas, para ser el primero que lo lea". Alejó esos pensamientos que tanto le dolían, subió lo justo el sonido de la radio, tomó un trago de su copa y alcanzó la pluma que tenía en la mesita, a escasos metros del sofá dónde estaba sentada.
Alcanzó la pluma y escribió...

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